martes, 9 de enero de 2018

IX. El tiro de gracia de Yanez


Las tres más formidables potencias carnívoras, se dividen el mundo de modo de no encontrarse casi nunca en sus pasos: el león se ha reservado el África; el oso, que a menudo se convierte en un carnívoro terrible, la Europa y la América septentrional donde impera entre las altas montañas rocosas bajo el nombre de “grizzly”; el tigre el Asia y también buena parte de las grandes islas que pertenecen a la Oceanía.
Son aproximadamente seiscientos millones de habitantes los que se ha reservado el “acto bagh beursah”, o sea el señor tigre, como lo llaman los poetas indios; ¡y qué tributos se lleva cada año de aquellos desgraciados! Sólo en la India no menos de diez mil personas encuentran su tumba en los intestinos del feroz carnívoro.
Los reptiles, que son mucho más numerosos en aquella vasta península, no se llevan mas que la mitad.
Hay tigres en Persia, en la Indochina, Sumatra, Java, Borneo, en la península malaya, también en la Nueva Guinea, incluso en la Mongolia y en la Manchuria; pero ninguno iguala en belleza, astucia, ferocidad, a los tigres de la India, y por esto quizá han sido llamados tigres de Bengala reales.

viernes, 29 de diciembre de 2017

VIII. El tigre negro


Habían tocado apenas las tres de la mañana cuando Yanez, seguido por Sandokan, por Tremal-Naik y por los seis malayos llegaba delante del palacio real, para emprender la cacería del terrible “kaala-bagh” o sea, el tigre negro.
Desde el día anterior habían alquilado tres grandes “tciopaya”, o sea carros indios tirados por una pareja de cebúes, no siendo conveniente que un hombre blanco y además inglés, fuera a una cita a pie y sin una escolta numerosa.
El mayordomo de la corte había preparado todo para la gran cacería.
Tres magníficos elefantes, que sostenían sobre sus poderosas espaldas cómodas cajas destinadas a los cazadores, privadas de las pequeñas cúpulas a fin de no obstaculizar el fuego de las carabinas y montados cada uno por un “mahout”, estaban detenidos en medio de la plaza, circundados por una docena de “behras”, o sea de pajes que tenían por los collares a una cincuentena de malísimos perros, de estatura baja, incapaces de hacer frente a una bestia tan peligrosa, pero necesarios para descubrirla.

martes, 19 de diciembre de 2017

VII. El rajá del Assam


A la mañana siguiente, dos horas después del mediodía, un pelotón que despertaba no poca curiosidad entre los haraganes que obstruían las calles de la capital del Assam, avanzaba a paso militar hacia el grandioso palacio del “rajá” que descollaba en la inmensa plaza del mercado.
Se componía de siete personas: un inglés, más o menos auténtico, vestido correctamente de blanco con un sombrero de tela gris adornado con un gran velo azul que le descendía hasta debajo de la cintura, y seis malayos, vestidos no obstante al estilo indio, con casacas verdes bordadas, amplios pantalones rojos, grandes turbantes en la cabeza de seda variegada y armados con carabinas espléndidas de cañones con arabescos y culatas taraceadas en marfil y madreperla, pistolas de doble cañón en la cintura y cimitarras al costado.
Eran todos bellos hombres, de aspecto feroz, membrudos y de ojos oscuros y siniestros. No eran más que seis, sin embargo por su aspecto se comprendía fácilmente que no habrían retrocedido ni siquiera ante una compañía de cipayos bengalíes.

lunes, 11 de diciembre de 2017

VI. En el Brahmaputra


Yanez, apenas se arrojó al agua, se había puesto a nadar vigorosamente, siguiendo la corriente, imaginándose que solamente de aquel modo podría encontrar el canal de desahogo y remontar a la superficie.
Antes de irse no se había olvidado de llenar bien los pulmones de aire, ignorando cuánto podría durar aquella inmersión bajo las últimas bóvedas del templo.
El cofre que llevaba atado al dorso, le daba no poco fastidio, sin embargo no se desesperaba por volver a la superficie, estando seguro de sus propias fuerzas y de su propia habilidad como nadador.
Creyéndose ya fuera de las bóvedas, había intentando impulsarse hacia arriba, y no sin sentir un estremecimiento de terror, había golpeado la cabeza contra una masa resistente.

lunes, 27 de noviembre de 2017

V. El asalto de los tigres


Los indios que adoran a Visnú, tienen una extraordinaria veneración por las piedras de Shalágram las cuales, como ya hemos indicado, no son más que conchas petrificadas del género de los cuernos de Amón, normalmente de color negruzco, porque creen firmemente que ellas representan bajo aquella forma a su dios.
Hay nueve especies de piedras de Shalágram, como se cuentan, entre las más conocidas, nueve encarnaciones de Visnú, y son todas tenidas muy en cuenta como el “lingam” que es venerado por los secuaces de Shivá y que representa, bajo una extraña forma que no se puede describir, la creación humana.
Quien tenga la fortuna de poseer tales conchas, las envuelve siempre en blanquísimos linos y todas las mañanas las lava en un vaso de cobre dirigiéndole muchas y extravagantes plegarias.

jueves, 16 de noviembre de 2017

IV. La piedra de Shalágram


Doce o catorce horas después de la confesión del primer ministro del “rajá” del Assam, un pelotón bien armado dejaba la pagoda subterránea, avanzando con profundo silencio a lo largo de la orilla izquierda del Brahmaputra.
Estaba compuesto por Yanez, Sandokan, Tremal-Naik y por diez hombres, la mayor parte malayos y dayak que, además de las carabinas y aquellos terribles puñales con la hoja serpenteante llamados “kris”, llevaban cuerdas enrolladas alrededor de los flancos, antorchas y picos.
Habiéndose puesto el sol hacía ya cuatro o cinco horas, ningún ser viviente paseaba bajo los “pipal”, los banianos y las palmeras, que cubrían la orilla del río, proyectando una densa sombra.
El pelotón, después de haber recorrido una milla sin haber intercambiado una palabra, se había detenido frente a un islote que surgía casi en medio del río, a la altura del extremo oriental del populoso suburbio de Saraighat.
—¡Alto! —había comandado Yanez—. Bindar no debe estar lejos.

lunes, 6 de noviembre de 2017

III. En el antro de los tigres de Mompracem


—Reinaba entonces sobre el Assam —comenzó Yanez—, el hermano del actual “rajá”, un príncipe perverso, dado a todos los vicios, que era odiado por toda la población y sobre todo por sus parientes, los cuales jamás se sentían seguros de volver a ver el alba del mañana. Aquel príncipe tenía un tío que era jefe de una tribu de “chatrias”, o sea de guerreros, hombre valerosísimo que muchas veces había defendido las fronteras asamesas contra las correrías de los birmanos y que por eso gozaba de gran popularidad en todo el país. Sabiéndose mal visto por el sobrino, el cual se había puesto en la cabeza, no obstante sin motivos, que conjuraba contra él para asirle el trono y despojarlo de sus inmensas riquezas, se había retirado entre sus montañas, en medio de sus fieles guerreros. Aquel valeroso se llamaba Mahur; ¿ha oído hablar de él, Excelencia?
—Sí —respondió secamente Kaksa Pharaum.

martes, 24 de octubre de 2017

II. El rapto de un ministro


Yanez vació una copa de aquella pésima cerveza, sin hacer una mueca, luego sacó de una bellísima cigarrera de carey con iniciales en diamante, dos gruesos “manila” y le ofreció uno al ministro, diciéndole con una sonrisa bondadosa:
—Tome este cigarro, Excelencia. Me han dicho que es fumador, algo bastante raro entre los indios, que prefieren en cambio aquel detestable “betel” que arruina los dientes y daña la boca. Estoy seguro que jamás ha fumado un cigarro tan delicioso.
—He aprendido a fumar en Calcuta, donde he pasado algún tiempo en calidad de embajador extraordinario de mi rey —dijo el ministro, tomando el “manila”.
Yanez le ofreció un fósforo, encendió también su cigarro, arrojó al aire tres o cuatro bocanadas de humo perfumado, que por un instante ofuscaron la luz de la lámpara, luego reanudó, mirando fijo con cierta malicia al ministro, que saboreaba como conocedor el delicioso aroma del tabaco filipino:
—Yo he venido aquí, como le dije, Excelencia, por encargo del virrey en Bengala para tener de usted informaciones sobre los movimientos que se están desarrollando en la alta Birmania. Ustedes que lindan con aquel turbulento reino, que nos ha dado siempre graves molestias, sabrán seguramente algo. Le advierto ante todo, Excelencia, que el gobierno de las Indias estará no solo agradecidísimo, sino que también lo recompensará largamente.

viernes, 13 de octubre de 2017

I. Milord Yanez


La ceremonia religiosa, que había hecho acudir a Gauhati, una de las más importantes ciudades del Assam indio, a millares y millares de devotos seguidores de Visnú, llegados de todas las aldeas de las sagradas aguas del Brahmaputra, había terminado.
La preciosa piedra Shalágram, que no era mas que una concha petrificada, del género de los cuernos de Amón, de color negro, pero que en su interior ocultaba un cabello de Visnú, el dios conservador de la India, había sido vuelta a conducir a la gran pagoda de Karia, y probablemente ya escondida en una alacena solo conocida por el rajá, por sus ministros y el gran sacerdote.
Los caminos se despejaban rápidamente: pueblo, soldados, bayaderas, ejecutantes, se apresuraban para regresar a sus casas, a las barracas, a los templos o a los albergues, para comer después de tantas horas de marcha alrededor de la ciudad, siguiendo al gigantesco carro que llevaba al envidiado amuleto y sobre todo a aquel cabello que todos los estados de la India envidiaban al afortunado rajá del Assam.

jueves, 5 de octubre de 2017

A la conquista de un imperio

Primera edición (Génova, 1907)
“Alla conquista di un impero”, fue publicado originalmente en 25 episodios entre 1906 y 1907 con el título “Alla conquista di un trono” (“A la conquista de un trono”) en “Per Terra e per Mare — Giornale di Avventure e di Viaggi diretto dal Capitano Cavaliere Emilio Salgari” (“Por Tierra y por Mar — Diario de Aventuras y de Viajes dirigido por el Capitán Caballero Emilio Salgari”), un semanario creado y dirigido por el propio Salgari, donde en un principio era el único redactor.